Qué es La Expedición

Biografía de los participantes

Ruta de la Expedición

Equipo de apoyo
 

Resumen de capítulos

 

Qué es La Expedición

Once personas inician una aventura en la ladera oeste del Pico de Orizaba en Puebla para llegar a la meta que está en la playa de Chachalacas en el Golfo de México. Durante el trayecto atravesarán los paisajes más variados de Veracruz con los desafíos que cada sitio conlleva. Once intrépidos expedicionarios con diferentes discapacidades saben que sólo la tenacidad y el trabajo en equipo los llevarán a conseguir su objetivo.

"La Expedición. Mas allá de lo imposible" es un programa del género docu-reality que durante ocho programas de una hora sigue este recorrido; una expedición desde la Laguna de Aljojuca en Puebla hasta las Dunas de Chachalacas en la costa de Veracruz.

Para cumplir con su objetivo deben caminar por largas horas a través de los diferentes escenarios y terrenos, con los diferentes climas y obstáculos que se presentan. Necesitarán adaptarse a las condiciones del campamento, a las demandas físicas propias y de cada uno de sus compañeros y encontrar una armonía entre sus distintas personalidades. Todos estos factores hacen de este desafío una gran experiencia.

El recorrido de más de 170 km pasa por varias rutas de riqueza histórica para nuestro país como la ruta de los Tamemes y la ruta de Cortés que son las más importantes y conocidas. "La Expedición. Mas allá de lo imposible" llevará al grupo por paisajes majestuosos, aventuras que liberarán la adrenalina y otros lugares emocionantes que los acompañarán para llegar al destino final.

Esfuerzo, trabajo en equipo, determinación, corazón y mucho carácter son algunas de las mejores características que muestran los participantes ante los retos. La lista se incrementa ya que "La Expedición. Mas allá de lo imposible" promete mostrar lo mejor de cada integrante y del equipo, al tiempo que todos se dan cuenta que sus capacidades van mucho mas allá de lo que ellos mismos creen.

Espíritu
"La Expedición. Mas allá de lo imposible" reúne a un grupo de personas con diferentes discapacidades para atravesar diferentes terrenos y llegar a un destino común. Para enfrentar el reto deben aprender que el trabajo en equipo y la unión de sus diferentes habilidades son básicas para lograr cualquier meta. Dejar a un lado el egoísmo y dar lo mejor de sí mismos en los momentos críticos se convierte en un elemento indispensable para traspasar los límites, romper sus propias barreras y conseguir el trofeo más preciado para cualquier persona: descubrir la infinita capacidad humana para obtener lo que se desea.

"La Expedición. Mas allá de lo imposible" muestra once seres humanos con grandes espíritus capaces de enfrentar sus propios miedos, desmentir los prejuicios, sobreponerse a las caídas y convertirse en inspiración de vida para todas las personas.

Televisa Verde
Para respetar y cuidar el medio ambiente de los estados donde se realiza "La Expedición. Mas Allá de lo Imposible" se trabaja como una "Producción Verde" con actividades concretas para reportar cero emisiones de carbono. Para lograrlo se llevan a cabo estas acciones:

•Un equipo de personas de la producción revisa el área donde se levantó el campamento para asegurar que al partir, no exista basura o desechos. Los expedicionarion dentro de sus tareas tienen la obligación de recoger su huella y éste equipo verde pasa al final para revisar que todo quede como debe. El objetivo es dejar los espacios limpios, incluso más que como los encontraron al inicio.

•Los once participantes se organizan para la labor de separar la basura.

•Se buscan alternativas para generar cantidades mínimas de basura con algunas acciones concretas, como utilizar botellas rellenables de agua o vasos en vez de botellas individuales de plástico dentro de lo posible y concentrar la basura lo más que se pueda para no contaminar con el uso excesivo de bolsas de plástico.

 

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Biografía de los participantes

 

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Alfredo Jimenez Martinez

Proviene del Estado de México y es editor de video. Hace un par de años sufrió un accidente automovilístico provocándole una lesion medular. No tiene sensibilidad ni movimiento de la cintura para abajo. A partir de ese evento inició un proceso de readaptación reintegrándose a su trabajo que lo ha estimulado en gran medida para seguir adelante. "Desde que tuve el accidente descubrí que me encanta vivir, me quiero comer la vida. Entendí que todo lo que pasa día con día, hasta una buena comida, puede ser un logro" comparte Alfredo.

A sus 38 años se describe a sí mismo como alguien un poco berrinchudo. Le gusta escuchar música porque es una forma de transportarse a otros lugares, cree que el trabajo lo lleva a conseguir logros y disfruta mucho de su labor como editor. Aprecia que su empleo lo haya esperado durante su rehabilitación pues lo ayudó a mantenerse ocupado. Considera que es una fuente que le permite ahorrar para viajar y comprar una silla de ruedas más adecuada a sus necesidades.

Le gusta colaborar con los demás y para él nunca fue alternativa quedarse encerrado en su casa, como lo hacen algunas personas con discapacidad. Por el momento regresó a vivir con sus papás, pero sólo por una temporada porque quiere independizarse. Se integró a La Expedición porque es una experiencia que lo hace sentir vivo, es algo desconocido que implica un reto. Quiere demostrarse a sí mismo que puede dar más y dejar claro que la gente con discapacidad no es invisible.

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Antonio Solano

Es originario de Celaya Guanajuato, donde trabaja como director y maestro de tenis de una empresa que imparte clases a personas con diferentes discapacidades, con síndrome de down y niños con autismo. Es un gran jugador de tenis que transmite sus conocimientos a los alumnos que responden con resultados satisfactorios, como ganar los primeros lugares en competencias. Tiene 49 años y está muy orgulloso porque después de mucho esfuerzo compró una casa.

Padece de un defecto por nacimiento llamado Amelia, que es una malformación congénita caracterizada por la ausencia de uno o más miembros. En el caso de Antonio, la causa por la que no se desarrollaron sus brazos fue por medicamento ingerido por la madre durante el embarazo. Pero nada es impedimento para un hombre que dice que su mayor logro fue independizarse. "A través de los años busqué la forma de no depender de nadie, me di cuenta que las cosas cuestan mucho y que no existen los milagros para conseguir lo que uno quiere, lo único válido es el trabajo diario" comparte Antonio.

Sus amigos dicen que es muy atrevido. Una de las muestras es que se aventó del bungee. Es parte del equipo de La Expedición para que la gente vea que las personas con discapacidad tienen un gran potencial. Cree que demostrar al mundo que es posible lograr lo que se propone no es lo más importante, lo importante es probarse a sí mismo que es capaz de superar sus barreras personales.

 

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Bárbara Iliana Sarvide Meza

Tiene 45 años y vive en el D.F. donde se dedica a hacer artesanías. Antes restauraba muebles antiguos pero dejó de hacerlo por el problema visual que le provocaron las cataratas de las que ha sido operada. De niña sufrió Hipoacusia que es la pérdida parcial de la capacidad auditiva. En su caso fue a causa de la rubéola y como consecuencia necesita usar aparatos para ambos oídos. A los 24 años le descubrieron Retinosis Pigmentaria que se caracteriza por la degeneración progresiva de la estructura de ambos ojos. Afecta de manera predominante a la visión nocturna y al campo periférico, pero se mantiene la visión central.

Dice que ella es la vida y se aferra a esta idea después de sufrir varios accidentes graves. El primero sucedió cuando tenía 3 años, se cayó accidentalmente a una alberca y su abuelito le salvó la vida. Muchos años después un coche la atropelló y aunque casi pierde el conocimiento se abrazó a la idea de seguir viva. Enfrenta la adversidad y demuestra que sí se puede cuando los demás dicen que no.

Es viuda desde hace tres años y lo más difícil que le ha pasado es ver morir a su esposo de un paro respiratorio: "Me dolió hasta el alma. Lo amé, fue un gran hombre pero tenía que seguir adelante, tenía que vivir por mi hija que ahora tiene diez años" confiesa Bárbara. Hace tiempo practicaba gimnasia olímpica y atletismo; ahora nada y corre porque quiere retomar su carrera como velocista.

Encuentra inspiración en su marido que fue un atleta paraolímpico y a través de los recuerdos sigue impulsándola en los momentos difíciles sobre todo cuando repite la frase que él utilizaba "yo puedo, yo puedo, yo puedo". Añora los momentos que compartía con su esposo pero es optimista y sigue adelante porque considera que la vida es hermosa y posee un gran motor que la impulsa: el amor por su hija. Tiene miedo a morir, pero no se intimida cuando piensa en que algún día tendrá que enfrentarlo. Vive La Expedición porque afirma que "sí se puede, yo puedo y quiero lograrlo".

 

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Ernesto Nájera Carbajal

Se describe como alguien amiguero y platicador.
Dice que su peor defecto es ser muy enojón pero que lo soluciona corriendo en la pista. Tiene Parálisis cerebral infantil leve, ocasionada por traer el cordón umbilical amarrado en el cuello al momento de nacer. La falta de oxígeno lesionó distintas áreas de su cerebro provocándole dificultades motrices. Desde pequeño inició la rehabilitación que continúa hasta hoy. "Estoy muy agradecido con mis papás porque si no se hubieran preocupado por mí, hoy no estaría aquí, estaría entre cuatro paredes", asegura Ernesto.

Tiene 34 años vive en el D.F. y desde 1997 es profesor de educación física de la Asociación Pro Personas con Parálisis Cerebral, APAC. Practica atletismo y entre sus logros cuenta dos medios maratones en Vancouver, Canadá. En uno de los medios maratones ganó el segundo lugar de su categoría y ha corrido veinte medios maratones de la Ciudad de México.
"Me encanta correr, siempre ando corriendo y entusiasmo a la gente. Eso me enorgullece" ,
comparte Ernesto.

Está agradecido con sus papás por haber formado
en él a un hijo bueno, sano y honorable. Dice que las personas con discapacidad son iguales a todos pero con una capacidad muy grande que es el corazón, que si te caes te levanta.

Su filosofía de vida es enfrentar las frustraciones cara a cara y vivir la vida como un desafío más.

Es miembro de La Expedición porque le gusta que le pongan retos, asumirlos y acabarlos. Una razón más para que su familia siga orgullosa de lo que ha logrado hasta hoy.

 

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Gregorio Vega Villeda

Sus amigos lo llaman Goyo, tiene 23 años y se distingue por ser muy perseverante. Confiesa que se enoja cuando las cosas no salen como él las planea y eso le frustra, aunque a través de los años también ha aprendido a adaptarse porque las situaciones de la vida no siempre se dan como él quiere.

Cuando tenía siete años fue a una competencia de natación en Acapulco y en la carretera el chofer del camión donde él iba se quedó dormido. A raíz del accidente le amputaron la pierna derecha y no usa prótesis porque le amputación fue al nivel de la articulación de la cadera, lo que impide que su cuerpo pueda sostenerla.

Goyo afirma que él no se siente discapacitado y tampoco lo ve como una desgracia. Para él ha sido una oportunidad para conocer otros aspectos de
su vida que tal vez no los hubiera logrado si estuviera completo.

Trabaja como administrador en una empresa que distribuye medicamento y su jefe le da la oportunidad de salir temprano para asistir a sus prácticas de natación. Entrena seis horas de lunes a sábado porque sueña con representar a México en una olimpiada. Le emociona ser parte de La Expedición porque la experiencia lo puede ayudar a mejorar como persona, medir sus capacidades y sobre todo, superar el reto, porque para eso están hechos.

 

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Hugo Vences Arellano

Vive en el D.F. y parte de su carácter está reflejado en la forma en que logró que su novia se convirtiera en su esposa hace un par de años: "Me robé a mi novia porque sus papás querían que se casara con alguien de Morelia y no con un chilango" explica Hugo. Así es que a sus 27 años es un hombre casado y con un bebé de dos meses de edad.

A los 17 años le amputaron la mano derecha a la altura de la muñeca por un accidente laboral. Trabajaba en una fábrica de alambrón y un día se reventó la banda de una máquina que enrollaba el alambre. La banda atrapó su mano y la jaló hacia el motor que la machacó por completo. Le costó un año asumir su discapacidad, sólo salía de su casa para ir a rehabilitación y no quería ver a nadie más que a su familia. Ahora con la ayuda de una prótesis de mano trabaja en la estación de silla de ruedas de Teletón y practica atletismo en 100 y 200 metros.
Afirma que su mayor virtud es nunca darse por vencido y su mayor logro ser medallista nacional en natación. "Antes era nadador pero a raíz del accidente retomé el deporte para rehabilitar mi brazo. Al poco tiempo empecé a destacar y después gané un nacional. La verdad no me la creía", comparte Hugo.

Su sueño más grande es participar en una olimpiada y ganar una medalla. Participa en La Expedición para saber qué más puede hacer, para aprender a trabajar con diferentes personas y conocerse mejor a sí mismo.

 

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Lucero Márquez Noguera

Considera que su reto empezó desde su nacimiento a los cinco meses y medio. El diagnóstico fue retinopatía de prematura. La enfermedad desprendió sus retinas porque todavía no se le habían formado bien los ojos y le causó ceguera total. Treinta años después es una mujer que vive en el D.F. y trabaja como ejecutiva de atención telefónica en un banco. Sus pasatiempos favoritos son salir con sus amigos a tomar café, e ir a parques de diversiones.

Se autodefine como alguien atrabancada, "loca" porque piensa que la vida sin retos es aburrida y lo ha demostrado en varias ocasiones. Se hizo presidenta de un club de fans del cantante Cristian Castro sólo para conocerlo, pero eso fue un juego de niños comparado con lo que considera su logro más importante: "yo quería y necesitaba un perro guía pero mis papás se negaban, así es que busqué el patrocinio de una aerolínea, lo conseguí y fui a Estados Unidos para recoger a mi perra Eiva con quien tengo un lazo muy fuerte" narra Lucero.

Sueña con poner una fundación en México que apoye a las personas ciegas a defender sus derechos. Le gustaría dar cursos en escuelas y empresas para que la gente conozca el verdadero trabajo de los perros guía. Gracias a su terquedad siguió en búsqueda de nuevos obstáculos por vencer y tomó otra decision crucial: se independizó de sus papás y se fue a vivir sola para que dejaran de sobreprotegerla.

Es parte de La Expedición porque le gusta sentir adrenalina y enfrentar situaciones difíciles. Quiere saber hasta dónde puede llegar su terquedad y decirle a la gente que no debe tener lástima por las personas con discapacidad porque pueden lograr muchas cosas.

 

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Saúl Mendoza Hernández

Es un destacado atleta paraolímpico de 43 años, casado y con un hijo de 2 años de edad. Combina su pasión por el deporte con la impartición de conferencias motivacionales en corporativos.
A los siete meses tuvo poliomelitis que le afectó a la altura del tórax por lo que los movimientos del tórax hacia abajo son prácticamente nulos. Desde los cuatro años hasta los quince estuvo en rehabilitación y realiza sus actividades cotidianas con el apoyo de su silla de ruedas.

Sus amigos lo describen como alguien aventado que desde pequeño aprendió a romper barreras físicas y mentales para ser feliz: "Recuerdo que muchos veranos salía a jugar futbol con mis amigos y regularmente yo era el portero del equipo porque tenía grandes ventajas, con mis piernas cubría la portería y con las muletas detenía los goles. Algunas veces, mientras impedía que el balón entrara en mi territorio, también golpeaba las piernas del contrincante, pero eso también era parte del juego" narra Saúl. Más tarde se acercó a la disciplina del atletismo y decidió dedicarse de tiempo completo
al deporte desde los 19 años.

Hasta hoy su mayor logro ha sido correr alrededor
de Alaska, 460 km en siete días. Dice que fue una prueba muy difícil por el clima frío a cero grados,
pero al final una experiencia que cambió su forma
de pensar y de sentir.

Participa en La Expedición porque se adapta a su filosofía de vida que consiste en lograr todo lo que
se propone. El reto lo pone a pensar en lo que puede hacer por él mismo, por la gente que lo rodea, por su carrera y es una oportunidad más, para cambiar la imagen que se tiene de las personas con discapacidad.

 

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Vicente Martínez Acosta

Vive en México D.F. y tiene 32 años. Se dedica a la venta y reparación de juegos de video y telefonía móvil. A los quince años de edad lo atacó el virus Mielitis Transversa, que es una infección en la médula. El virus inflama la médula a tal grado que presiona todas las terminales nerviosas y provoca pérdida en movimiento. En el caso de Vicente no tiene sensibilidad ni fuerza en las extremidades inferiores.

Ningún médico pudo explicarle la forma en que adquirió el virus y las consecuencias fueron tan duras que vivió dos años encerrado en su casa. "Cuando me entró el virus el golpe fue tan brutal que dejé de vivir, yo estaba muerto en vida. Me encerré por ignorancia y por falta de motivación pero mamá nunca me ha dejado y por ella estoy aquí", narra Vicente.

Él se describe como alguien amigable y luchón que cumple todo lo que se propone. Practica powerlifting, también conocido como levantamiento de potencia en el que obtuvo su mayor logro: levantar 167.5 kilos con lo que ganó una medalla de oro a nivel nacional. Este deporte requiere de mucha fuerza y a diferencia del levantamiento olímpico de pesas donde los movimientos son del piso a la cabeza, la disciplina que eligió Vicente requiere de movimientos más cortos pero fuerza máxima.

Su gran sueño es escalar un muro y ser el mejor levantador de pesas en el mundo. Se integra a La Expedición para demostrarle a la gente las grandes capacidades que posee una persona con discapacidad y para comprobarse a sí mismo que sostiene lo que dice, que sí puede.

 

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Luis Enrique Jurado Méndez

Luis Enrique, o Willy como lo llaman sus amigos y familiares, tiene 20 años y trabaja como editor fotográfico. Su discapacidad tuvo origen a los once años cuando padeció Osteosarcoma en la tibia izquierda. Se desencadenó un día que estaba jugando futbol y le dieron una patada en la pierna que le dolió más de lo normal. Al día siguiente su mamá lo llevó al doctor y el diagnóstico fue un golpe. Sin embargo, semanas después descubrieron que ese golpe en realidad era un tumor.

Después de pasar por 22 operaciones y con 13 años de edad, Willy habló con su doctor para pedirle que le amputara la pierna. Le explicó que había tomado esta decisión porque si seguía con cirugías nunca iba a caminar bien. Pero el reto no había terminado pues tuvo otra complicación, un coágulo al pulmón del que sólo tres de cada mil personas se salvan.

Por estas razones Willy considera como su logro
más importante ganarle la batalla al cáncer.

"No me siento discapacitado, a lo mejor un poco limitado pero discapacitado no" asegura Willy.

Tiene una prótesis que le ayuda a realizar sus actividades cotidianas y a entrenar atletismo, lanzamiento de jabalina, disco y bala. Uno de sus mayores sueños es llegar a unas olimpiadas y ganar una medalla en cualquiera de las disciplinas que practica.

Quiere vivir el reto de La Expedición porque le gusta sentir la adrenalina que se necesita para lograr algo grande, porque quiere demostrarse que si quiere puede lograrlo todo.

 

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Yasmina Suárez Ramos

Se describe como una mujer apasionada en todo lo que hace, con carácter y voluntad. Dice que en ocasiones las personas le reclaman que es mandona por su tono de voz, pero asegura que sabe trabajar en equipo y es alguien que lucha por obtener lo que desea. Proviene de Oaxaca, tiene 34 años y es contadora de la Federación de Silla de Ruedas de la CODEME.

A los tres años padeció poliomelitis y desde entonces tuvo secuelas permanentes que afectaron sus piernas. Camina con la ayuda de muletas desde los cuatro años de edad y juega básquetbol en silla de ruedas "se me olvida que tengo discapacidad hasta que me caigo de la silla en un partido", platica Yasmina. Hace tiempo practicó natación y obtuvo premios a nivel nacional. Su gran sueño es pertenecer a la selección nacional de básquetbol femenil.

Ahora está casada desde hace más de cuatro años y su mayor logro se cumplió cuando se embarazó, a pesar de que su familia creía que no podía conseguirlo por usar muletas. Su mayor fuente de apoyo e inspiración son su esposo y su hijo de tres años.

La Expedición representa para ella un gran desafío y una experiencia más para contarle a su hijo. Al asumir este reto quiere que la sociedad sepa que las personas con discapacidad pueden hacer grandes cosas, que tienen limitaciones y temores como todos, pero dejar muy claro que pueden hacer todo lo que se propongan. Es una mujer decidida que asegura que no se va a detener por nada.

 

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Ruta de La expedición

 

 

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Equipo de apoyo

El gran desafío al que se enfrentan los once integrantes de la expedición requiere del trabajo en equipo. El grupo que se encarga de cuidarlos y apoyarlos en todo momento son personas especializadas en diferentes materias como el guía de la expedición: Gerardo García "El Cazón"; el médico del equipo, el Dr. Arturo Pichardo y el psicólogo que apoyará constantemente a los expedicionarios, el Dr. Marc Ehrlich.

Gerardo García "El Cazón" es un personaje famoso muy integrado con la industria de los descensos en río en Veracruz. Ha participado en eventos deportivos de rafting y kayak a nivel mundial, representando a México en el 2005 y 2007 en el Campeonato Mundial de Rafting. Posee el récord mundial del descenso de río más alto del mundo registrado en la India, a 5,500 metros sobre el nivel del mar. Es un apasionado de la naturaleza, el cuidado del medio ambiente y un explorador de nacimiento que brinda toda esta experiencia a la expedición.

Dr. Arturo Pichardo
Médico cirujano egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM. Está especializado en Medicina en Rehabilitación y tiene la certificación del Consejo Mexicano de Medicina de Rehabilitación. Desde 1993 es miembro de la Sociedad Mexicana de Medicina Física y Rehabilitación. Ha laborado en el Instituto Nacional de Ortopedia como médico del servicio de rehabilitación, Jefe del servicio de medicina del deporte y rehabilitación y Jefe del laboratorio de análisis de movimiento. Fungió como presidente de la Sociedad de Análisis de Movimiento de México en 2008 y desde 1995 es el Director Médico de Kinemedic Diagnóstico de Marcha y Movimiento. Ha ostentado diferentes cargos de dirección médica en el sistema de Centros de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT) y desde marzo del 2010 es el Director Médico Corporativo.

Dr. Marc Ehrlich
Es psicólogo clínico en la práctica privada y consultor en psicología organizacional. Ha colaborado con más de 200 compañías mexicanas y multinacionales. Trabaja como asesor para la filial del Centro de Liderazgo Creativo en la Ciudad de México y como consultor en un programa nacional de prevención del abuso de drogas en la familia. Por más de 25 años ha participado como columnista especial para The News. Es autor de los libros: Los Esposos, Las Esposas y sus Hijos, Armonía, y The Challenge of Working and Living in México. Sus libros más recientes son: La Psicología de los Equipos y Discapacidad: Enfrentar Juntos el Reto, y también ha publicado varios artículos en revistas nacionales e internacionales.

 

 

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Resumen de Capítulos

 

 

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Resumen Capítulo UNO

La Expedición inicia en el Centro de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT)
en el Estado de México. Es el primer encuentro de los once integrantes del grupo expedicionario  y para iniciar la aventura deben comenzar a trabajar en equipo  desde el primer momento, sin más ayuda que la que pueden encontrar entre ellos mismos. El destino del helicóptero es el estado de Puebla.

El viaje aéreo les permite disfrutar del paisaje y en algunos casos reflexionar sobre el desafío que están a punto de enfrentar. Al llegar a la villa de Aljojuca en Puebla, reciben una cálida bienvenida por parte de los habitantes del lugar
y después de una corta convivencia se apresuran para iniciar el trayecto hacia el Pico de Orizaba.

Al iniciar la ruta se dan cuenta de las dificultades que representa un camino arenoso. Por ejemplo, el avance de Alfredo es complicado mientras se adapta a su nueva silla de ruedas "todo terreno". Saúl, con más experiencia, lo apoya en todo momento y el trabajo en equipo es constante cuando Goyo y Willy deciden ser el soporte para jalar las sillas de ruedas en los trayectos inclinados.

Antonio guía a Lucero indicándole los lugares que pueden ser un riesgo para ella y para su perra Eiva. Hugo, Bárbara y Ernesto dividen su fuerza para colaborar con cualquier integrante del grupo que lo necesite.

Yasmina y Vicente se acompañan dándose ánimo uno a otro para superar la dificultad de caminar con los bastones que se entierran en la arena y que les provoca constantes caídas. Todos se esfuerzan al máximo porque deben recorrer
ocho kilómetros para llegar al primer punto de la ruta antes del anochecer.

Después de una larga jornada llegan al sitio donde pasarán la noche y se organizan en equipos para armar las casas de campaña y preparar el campamento. Una vez instalados disfrutan del atardecer y comparten la cena. Antes de irse a descansar aprenden códigos de ayuda con el sonido de un silbato y se motivan para el siguiente día. Willy, el más joven de la expedición, lee algunas de las cartas que le escribió su novia para cada noche que pasará en la expedición.

Los once integrantes llegan a las faldas del Pico de Orizaba y el segundo día de la expedición los recibe con un majestuoso escenario natural que deberán explorar para continuar con el arduo camino que los llevará al
siguiente campamento.

 

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Resumen Capítulo DOS

Después de un merecido descanso a las faldas del Pico de Orizaba, la nueva jornada inicia muy temprano para los once expedicionarios. Alfredo despierta con nuevos bríos e intenta subirse a su silla solo pero esta vez no lo consigue, así es que con la ayuda de Saúl y Ernesto lo logra. Todos colaboran para levantar el campamento y continuar con la ruta. Yasmina y Vicente acordaron con el resto de sus compañeros marcar el paso del avance para no quedarse rezagados.

El camino arenoso sigue representando dificultades para el avance de Yasmina quien requiere atención médica porque la órtesis que tiene en una de sus piernas le ha provocado una ampolla en el muslo. El doctor Pichardo le puso un parche para evitar que la molestia aumente y ella está lista para continuar a pesar de la dolencia física. Saúl y Alfredo aprovechan el pequeño receso que provoca la revisión de Yasmina y ajustan sus sillas de ruedas para seguir la marcha apoyada por el buen ánimo de Ernesto. En el trayecto se topan con campesinos que de manera muy amable les regalan fruta, uno de ellos llamado Sergio se identifica con Lucero porque ambos son ciegos y se felicitan por la labor que cada quien realiza.

Después de andar dos kilómetros llegan al poblado de Tlachichuca, en el estado de Puebla. Su guía "el Cazón", les pide que por su seguridad aborden unas carretas para cruzar el pueblo. Una vez más el trabajo en equipo les permite instalarse en su nuevo medio de transporte y durante el trayecto tienen la oportunidad de descansar un poco y convivir. El momento de relajamiento permite conversaciones entre los integrantes sobre la manera de enfrentar la vida ante su discapacidad y destapa de nuevo su buen humor.

Al llegar a su destino el grupo baja de las carretas para continuar caminando, pero antes se detiene unos minutos con la intención de plantear la ruta y también para consultar de nuevo al doctor Pichardo quien atiende la dolencia del tobillo izquierdo de Ernesto y una nueva ampolla en el talón de Yasmina. El Cazón les dice que existen dos desviaciones para llegar al siguiente punto de la expedición: la primera es un camino en línea recta de tres km, pero con pendientes difíciles. La segunda es una ruta de cinco km menos complicada pero implica rodear el terreno. El equipo elige la primera opción.

Muy pronto los expedicionarios descubren que la inclinación del camino es muy acentuada y por lo tanto difícil. Todos se organizan para apoyar a Saúl y a Alfredo, en el ascenso de las pendientes. Por tramos, Saúl decide bajarse de su silla y avanzar al ras del piso con el soporte de sus brazos, mientras que Ernesto, Bárbara, Yasmina, Lucero y Toño trabajan juntos por llegar al punto de descanso. Con el arnés en la cintura Goyo jala la silla de Alfredo mientas que Willy, Hugo y Vicente se esfuerzan por llevar a Alfredo hasta el punto de encuentro con el resto de sus compañeros. El dolor en la rodilla de Goyo hace que Bárbara se regrese a ayudarlos y en equipo, después de una gran demanda física y mental llegan a la cima del camino para recuperar el aliento. Están a un día de distancia para enfrentarse con el colosal Pico de Orizaba y cruzar sus terrenos, ellos saben que el desafío crece cada vez más.

 

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Resumen Capítulo TRES

El paisaje muestra al majestuoso Pico de Orizaba y Vicente admira la belleza del sitio al que llegarán. El Refugio Alpino, su próximo punto de descanso los espera a 4 mil metros de altura y el clima extremo con el que tendrán que lidiar les envía una pequeña muestra de lo que enfrentarán cuando se dan cuenta que el gas enlatado que llevaban para cocinar se ha congelado. Antes de iniciar el trayecto del día "el Cazón" les da instrucciones para prepararse y el doctor Pichardo revisa las lesiones de Yasmina y Ernesto que no se han complicado. Saúl, Ernesto y Bárbara encabezan al grupo, Hugo, Goyo y Willy apoyan a Alfredo, Lucero avanza bajo la guía de Yasmina, mientras Antonio, Goyo y Vicente siguen al equipo. Adentrarse en los terrenos del volcán les representa un trabajo en equipo muy demandante pues la primer pendiente exige un enorme esfuerzo físico para subir las sillas de ruedas de Saúl y Alfredo, lo que provoca una lesión en el brazo de Willy atendido de inmediato por el doctor.

El camino está lleno de obstáculos y Lucero percibe que sortear esos trayectos con las sillas de ruedas implica un gran esfuerzo de todos sus compañeros, incluso, por momentos Vicente deja sus bastones a un lado para ayudar.
Ella le dice al resto del grupo que quiere cooperar jalando alguna de las sillas pero los demás evalúan la situación y por las complicaciones del terreno deciden no exponerla.

Cruzar el Pico de Orizaba implica que los expedicionarios rebasen sus propios límites pues todos coinciden que este día ha sido el más difícil. Goyo se cae varias veces pero se repone de inmediato, Bárbara no pierde la oportunidad de cargar energía al abrazar árboles, Vicente es el guía en turno de Lucero y al cruzar la frontera que los adentra en el estado de Veracruz, Hugo siente que el cansancio lo invade porque tiene síntomas de mal de montaña. Goyo y Willy también padecen las consecuencias de la altura a la que están expuestos pues su rendimiento ha disminuido de manera notoria, así es que deciden parar unos minutos para que todos tomen un merecido descanso. Ernesto se tira sobre el pasto e inicia una sesión de ejercicios para relajarse porque por la parálisis cerebral sus músculos siempre están tensos y con el esfuerzo realizado hasta el momento aumenta su tensión habitual. El bueno humor de Ernesto contagia a sus compañeros quienes toman con más ánimo las inclemencias del lugar. Bárbara comparte con Vicente los recuerdos que tiene de su esposo y le dice que está segura que él la acompaña en esta expedición.

La jornada continúa con nuevos retos porque además de adaptarse a la altura y al frío ahora llueve lo que implica
que se resbalen al andar. Alfredo es un integrante vulnerable a estas condiciones porque al tener limitaciones en
sus movimientos no puede generar calor y su temperatura disminuye cada vez más. Aunque están muy cansados entre todos se turnan para empujar las sillas de ruedas de Saúl y Alfredo con una nueva motivación: ¡consiguieron llegar a cuatro mil metros sobre el nivel del mar! Y a varios metros pueden ver el trofeo del día, el Refugio Alpino
que les da la bienvenida a un sitio seguro, caliente y un descanso bajo techo. Para llegar todos realizan su máximo esfuerzo porque la falta de oxígeno que demanda la altura les exige una fortaleza mental que se sobreponga al cansancio físico.

Después de un gran trabajo individual y en equipo todos llegan al Refugio Alpino, el doctor Pichardo atiende sus lesiones, comparten experiencias y Lucero en voz de sus compañeros dice que está orgullosa de lo que han logrado. El momento de gran emoción la lleva al llanto que se mezcla con la risa de sus compañeros al celebrar su nuevo triunfo.

 

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Resumen Capítulo CUATRO

El nuevo reto de los expedicionarios es descender del Pico de Orizaba y recorrer 20 km para llegar al siguiente campamento pero antes de iniciar la jornada Bárbara acompaña al Cazón a recolectar agua que se produce por el deshielo de la montaña, mientras la bendice para que proteja a todos los integrantes de la expedición. Al regresar con el grupo el Cazón inicia un ritual para esparcir el agua entre todos y recibir las bendiciones que les permita llegar en buenas condiciones. Para sellar su victoria de llegar al refugio alpino del Pico de Orizaba, Ernesto, en representación de todos sus compañeros hondea orgulloso la bandera de la expedición.

La ruta continúa y les aguardan ocho km cuesta abajo. El doctor Pichardo atiende las ampollas que le han salido a Lucero y una vez lista, todos retoman el paso. Ernesto disfruta plenamente el paisaje y lo describe como el paraíso, Vicente y Willy caminan juntos, pero Vicente insiste en ser más audaz en el camino de bajada sin tomar en cuenta que si se lesiona sería grave para él y retrasaría a todo el grupo. Una plática con el Cazón es suficiente para comprender que será en otro momento cuando continúe con sus descargas de adrenalina porque frente a ellos tienen un río que atravesar. La tarea no es fácil porque los bastones y las muletas son difíciles de apoyar en el agua, Lucero es guiada por Antonio y el resto se apoyan unos a otros como es la ley en la expedición.

Las sorpresas continúan cuando al cruzar el río descubren que un grupo de caballos los espera para seguir la ruta en ese medio de transporte. Para la mayoría es una experiencia nueva pues casi nadie ha montado un caballo antes, pero el caso particular de Alfredo necesita apoyo extra porque no tiene control sobre su tórax lo que le impide mantener el equilibrio en una silla de montar. Con el apoyo de todos siguen la ruta a caballo y tienen un espacio para descansar, apreciar el paisaje y reflexionar como Alfredo quien cree en lograr todo lo que sueña. Al llegar a la población de Nuevo Jacal, la comunidad los recibe con calidez y les ayudan a montar el campamento para descansar un momento. El Cazón les explica que deben administrar bien las provisiones porque el camino es pesado y deben apretar el paso para no llegar de noche a la selva. Ahora deben seguir por su cuenta y después de despedirse de un grupo de niños le dicen adiós a la montaña. Para seguir con el trayecto hacia la selva deben tomar carretera para llegar al municipio Mata de Indio y el Cazón les dice que la única forma de lograrlo es pedir un aventón. El tiempo es muy valioso para evitar que la noche los alcance en la selva pero transcurren varios minutos hasta que encuentran a una persona que maneja una camioneta y acepta llevarlos.

El paseo en camioneta les permite relajarse a tal grado que Ernesto recita poesía y bromea con Lucero simulando una conquista. Todos sus compañeros ríen y se dan cuenta que Ernesto es un eterno enamorado. Al conocer Mata de Indio, también conocen a un grupo de maravillosos niños con discapacidad que les ofrecen un remanso de inspiración y una convivencia muy especial. El momento es invaluable pero les cuesta el retraso en la ruta. Al despedirse de los pequeños para seguirse adentrando a la selva se dan cuenta que el calor extremo los agota más de lo que esperaban y que las provisiones de agua son escasas.

El temor de entrar a la selva con la noche a cuestas se hizo realidad y ahora deben caminar tres kilómetros en un terreno lodoso, con insectos y espinas. Debido a la humedad del ambiente Bárbara se quita el aparato del oído que le permite escuchar y la oscuridad la deja en una condición de ceguera total, ahora ella depende por completo de la ayuda de sus compañeros. Todos sufren picaduras de insectos y se les entierran espinas en las piernas. Lucero empieza a sentir ansiedad debido al cansancio y avanzar por el terreno que cada vez es más lodoso se hace más complicado.

Son las 2:00 am y aunque están cerca de la meta del día, el Cazón decide que deben detenerse para dormir. Esta vez deben descansar en los sleeping bags sin campamento que los cubra. Todos están agotados pero al mismo tiempo desean que amanezca pronto para reabastecerse de agua y comida, y tener la luz del día para afrontar el nuevo terreno selvático.

 

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Resumen Capítulo CINCO

Después de pasar la noche en medio de la selva y como único deseo en común que amaneciera, el grupo llegó al día siguiente al campamento para intercambiar impresiones que coincidieron en lo difícil que fue lidiar con los insectos y con las espinas del terreno. Con esta experiencia les quedó clarísimo por qué es importante respetar los tiempos para llegar al destino del día. Esta mañana es especial porque festejan el cumpleaños número 28 de Hugo quien se siente un poco melancólico por estar lejos de casa. Después de cantar las "Mañanitas" se alistan para el arranque pero antes deben reparar la silla de Alfredo que tiene una llanta ponchada a causa de una espina enterrada. Sin tener las herramientas adecuadas deciden improvisar y llenar la llanta con pasto en lugar de aire.

Les esperan tres kilómetros de bajada en el cerro del Águila también conocido como la pequeña Tailandia, que los llevará al poblado de Santa María donde montarán el siguiente campamento. El Cazón les entrega cascos de seguridad porque el camino es complicado. Saúl encabeza al grupo pero el peso de las mochilas con provisiones provocan su primera caída que toma con sentido del humor. Durante la expedición Alfredo ha tomado más seguridad y ayuda a sus compañeros a enfrentar la bajada porque los integrantes más fuertes se dan cuenta que en este momento ellos aprenderán a pedir ayuda. La inclinación del camino les presenta un escenario muy complejo, por eso el Cazón les reparte arneses y les indica que todos deben portarlos además de caminar agarrados de una cuerda de rescate que los mantendrá más seguros, ante un sendero ubicado en las alturas.

Vicente no puede esconder su miedo a las alturas pero se sobrepone para continuar al ritmo de sus compañeros, mientras que las piedras sueltas dificultan el paso de Willy. Para Ernesto aumenta el grado de estrés por la inclinación del camino, lo que trae como consecuencia que sus músculos se endurezcan y el control sobre su cuerpo sea menor, por eso decide bajar sentado. El calor en ascenso es su compañero constante y Ernesto se niega a quitarse la chamarra, situación que les preocupa a Lucero y Antonio quienes temen que se deshidrate. La petición de que se quite la chamarra se convierte en una discusión porque Ernesto argumenta que es alérgico a la hierba, no quiere rasparse y tampoco que le piquen los mosquitos, pero el Cazón lo convence de que es mejor que viva cualquiera de esas situaciones en lugar de una deshidratación. Ernesto accede a quitarse la chamarra pero se niega a recibir ayuda para bajar porque sabe que puede lograrlo por sus propios méritos.

Todos están preocupados por Ernesto y Alfredo se detiene para revisarle que las agujetas de sus zapatos estén atadas y verificar que tome el agua necesaria para mantenerse bien. Unos a otros se apoyan como Willy que camina con la guía de Vicente. Goyo avanza lento, Bárbara y Saúl vuelven a caerse para verificar que este sitio no es adecuado para los débiles. Después de horas de arduo trabajo Alfredo es el primero en llegar al pueblo de Santa María y con esto su confianza en sí mismo crece.

Bajar del cerro del Águila les comprueba que sólo en equipo serán más fuertes y la parada en el campamento de Santa María les da una gratificación más por librar otro tramo del camino. El siguiente día inicia con la revisión del Doctor Pichardo y se da cuenta que están debilitados por el esfruerzo. Willy es el más afectado porque tiene una gran herida en el muslo provocada por el roce con la prótesis. Pero el ánimo por seguir los levanta una vez más y 10 kilómetros para llegar al siguiente campamento cerca del río es su nueva meta.

De nuevo la compostura en la silla de Alfredo los detiene unos minutos y Willy, Goyo y Hugo se quedan atrás. Lucero duda si podrá continuar en la expedición porque no tiene control de nada y eso la angustia. Las personas ciegas viven a través del orden porque así pueden moverse más seguras y ella tiene miedo porque no sabe qué sucede. Antonio y el Cazón la apoyan para darle confianza y asegurarle que puede seguir. El camino es inseguro para todos pues Saúl cae sobre una red de púas y todos corren a ayudarlo, deben aprender a ser más cuidadosos.

Se han internado en la selva y después de lidiar seis horas con un camino lleno de fango su ánimo está afectado. Yasmina se va quedando atrás porque las gomas de sus bastones se quedan en el lodo pero Vicente la espera porque comprende muy bien su situación. Goyo y Bárbara ayudan a Saúl, mientras que Lucero depende de la seguridad de una cuerda y de la guía de Antonio que lleva a Eiva.

El camino al campamento está bloqueado por la maleza que ha crecido y deben tomar otra ruta que los alejará de Coetzala, su destino. El cansancio y la llegada de la noche en territorio selvático los ha confundido. Ahora están perdidos y lo único que tienen para salir adelante es la confianza entre ellos mismos.

 

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Resumen Capítulo SEIS

El temor de explorar la selva en la noche sucedió de nuevo pero en esta ocasión los miedos aumentan porque Goyo, Saúl y Bárbara están perdidos. Después de pasar por cinco horas de recorrido, ataques de mosquitos y cansancio, encuentran el camino al pueblo de Coetzala donde instalarán su próximo campamento. Cruzar la selva no sólo probó su resistencia física, también retó a su templanza, paciencia y unión como equipo. Satisfechos por superar una prueba más descansaron para reponer energía.

El nuevo día les aguarda nueve kilómetros bajo el rayo del sol para llegar al siguiente punto de encuentro. El gran desgaste físico y emocional merece la intervención oportuna del psicólogo del equipo el doctor Marc Ehrlich, quien afirma que todos han crecido de manera muy positiva. El diagnóstico es acertado cuando el ánimo de los expedicionarios está arriba como para organizar una competencia de "arrancones" entre Saúl y Alfredo que finalizan con un fuerte apretón de manos y la victoria de Alfredo.

Después de la divertida competencia todos se alistan para seguir y comprobar que deben estar alerta todo el tiempo porque algo que parece sencillo como atravesar un camino con zanjas representa un peligro para Lucero quien se cae. Sus compañeros reaccionan de inmediato y de nuevo trabajan en equipo. Yasmina le presta uno de sus bastones para que Lucero lo tome como guía y sepa por dónde debe pisar, mientras que Hugo carga a Eiva para llevarla del otro lado. Sin más imprevistos llegan al campamento que será el punto de partida para enfrentarse al turbulento río Pescados, en el poblado veracruzano de Jalcomulco. La aventura que les espera es nueva para algunos y el ambiente óptimo para otros, como el caso de Goyo que es un gran nadador.

Para llegar al mar que es su destino final, deben navegar por los rápidos de Veracruz. Superar esta etapa requiere de un entrenamiento previo sobre cómo ponerse el equipo, técnicas para remar, qué hacer cuando se entra a un rápido y lo más importante cómo reaccionar si alguien cae al agua. El mejor maestro es su guía el Cazón quien ostenta el récord mundial en kayak de altura. Para empezar todos suben a la balsa y disfrutan de las bondades del agua para acoplarse al nuevo ambiente y divertirse. El reto es grande porque Yasmina y Vicente deberán confiar en la fuerza de sus brazos para moverse en el agua, Ernesto tiene que concentrarse para controlar sus movimientos y Lucero estará más expuesta que nunca porque no tiene sentido de orientación. Para navegar por las aguas del río con éxito, llevarán a cabo un ritual de la mano de un chamán que les ofrece los elementos sagrados de las culturas prehispánicas (tabaco, sávila, copal e instrumentos musicales) para pedirle permiso al río y pasar por él.

El momento es de entrega y unión de cada uno de los expedicionarios, pues saben que les esperan más de 35 km por navegar en ríos que se caracterizan por su gran velocidad y grandes olas. La esperanza de que el río sea gentil con ellos se ve amenazada cuando la balsa donde viajaban Saúl, Goyo y Lucero se voltea por una gran ola. La adrenalina aumenta cuando se percatan que Lucero quedó atrapada bajo la balsa y por la falta del sentido de orientación se torna más difícil que encuentre la forma de salir. La rapidez con la que actúan el Cazón y el equipo de rescate permite que Lucero salga ilesa.

Después de recuperar el aliento y asegurarse que todos están bien, continúan navegando río abajo para llegar al final de la travesía que los acerca cada vez más al mar. Han llegado al municipio Puente Nacional y al pisar tierra firme comprueban que no hay nada imposible pues han ganado una batalla más. La recompensa a su esfuerzo está en la ex hacienda Paso de Varas que perteneció al ex presidente Antonio López de Santa Anna y ahora será el sitio para instalar su nuevo campamento.

Han llegado a un lugar que los nutrirá de belleza e historia pues en dirección Este, se sitúa el poblado de La Antigua donde está la casa que perteneció a Cortés. Al Noroeste se ubica el sitio arqueológico de Zempoala que fue testigo del primer encuentro entre españoles e indígenas. Ahora deben reponer energía porque el siguiente tramo los acerca a su destino final pero el terreno indómito los pondrá a prueba una vez más.

 

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Resumen Capítulo SIETE

Un nuevo días los despierta con la noticia de que Alfredo está intoxicado. El doctor Pichardo lo revisa y el diagnóstico es que su cuerpo reaccionó ante la picadura de algún insecto. El momento es de tensión porque si Alfredo no mejora podría requerir que lo trasladen a un hospital y eso implica no terminar la expedición a la par de sus compañeros. Después de recibir medicamento y los cuidados del servicio de emergencia, Alfredo se reporta listo para continuar con ciertas medidas de seguridad como cubrir su piel del sol. Este medida será un tanto difícil de llevar a cabo porque para llegar a las costas veracruzanas deberán soportar temperaturas cercanas a los 40º C.

Los expedicionarios han recorrido 160 km con la fuerza del espíritu y el trabajo en equipo como denominador común. Todos se alegran de tener a Alfredo en la batalla y Hugo confirma su compromiso de acompañarlo hasta el final. El recorrido que les espera es atravesar 7 km de sembradíos bajo un sol y humedad implacables. El Cazón se asegura de realizar paradas constantes para que tengan tiempo de hidratarse y descansar un poco. Las lluvias en la región han dejado a su paso pequeñas lagunas que mezcladas con la tierra han formado pantanos que dificultan el paso de Goyo, Vicente y Yasmina porque los bastones se entierran a cada instante. Para librar las inundaciones del camino todos tratan de seguir por las orillas que están delimitadas por cercas con alambres de púas. Ernesto y sus compañeros saben que este tipo de esfuerzos tensan sus músculos y solidarios, todos tratan de ayudarlo.

Por si los 32º C y la humedad extrema a la que están expuestos fuera poco, el cañaveral en el que están inmersos es hogar de diferentes insectos, entre ellos hormigas que han atacado a Lucero y que con la ayuda de un repelente han podido superar. Alfredo ha soportado bien la jornada y su intoxicación parece ceder pero uno de sus apoyos esenciales, Hugo, también es afectado por el calor y su piel está cubierta de salpullido. Pese a todo llegaron al poblado de La Gloria, donde instalarán su próximo campamento. La gente los recibe con agua refrescante y la sorpresa de descubrir que han recorrido el Pico de Orizaba, han cruzado la selva, vencieron a los rápidos del río y ahora se dirigen a su meta final: playa Chachalacas.

Antes de continuar con el trayecto el Cazón les pide que se acompañen más, que sean considerados con el ritmo de Yasmina y Vicente. Saúl ofrece disculpas por el resto del grupo y entre todos proponen distintas maneras de avanzar como un solo cuerpo. Para llegar a su próximo campamento deberán cruzar el río Actopan cuyo caudal ha crecido por las constantes lluvias. Llegar a la otra orilla del río será posible con la ayuda de una cuerda, el trabajo en equipo y sobre todo la confianza entre ellos mismos. Willy y Goyo dejan sus prótesis y muletas para apoyar a sus compañeros. Uno a uno se sumergen en el agua fresca y con la ayuda del equipo de seguridad y sus compañeros se reúnen para montar el campamento que a media noche deberán mover porque el caudal del río los pone en peligro.

El nuevo día les marca una ruta de 10 km para llegar al poblado de El Paraíso pero otro integrante de la expedición se reporta lesionado. Yasmina lleva tres días soportando un dolor en el tobillo y la solución momentánea es una inyección que pretende aliviar su dolor. Como prueba de apoyo los expedicionarios seguirán el ritmo de Vicente y Yasmina quienes encabezan al grupo. Aunque la intención es avanzar en equipo, el calor los orilla a apresurarse para refugiarse en la sombra y nuevamente se separan. La lesión de Yasmina es cada vez más marcada y ni otra dosis de medicina, ni una plantilla que le diseñó el doctor Pichardo funcionan, la única solución es que alguien la cargue para llegar al nuevo campamento, de otra manera Yasmina tendrá que abandonar la expedición

La tenacidad de todos los expedicionarios les dicta no rendirse y ser uno mismo en los momentos de dificultad, así es que Hugo decide cargar en hombros a Yasmina durante dos kilómetros, para llegar a su próximo campamento. La idea de llegar todos juntos a las playas de Chachalacas es el motor que los alienta a seguir contra viento y marea.

 

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Resumen Capítulo OCHO

Hoy es la última mañana que compartirán como equipo. Se levantan al alba para iniciar su trayecto hacia el desierto. La lesión de Yasmina ha aminorado un poco gracias a los kilómetros que Hugo la llevó en hombros, pero no está repuesta en su totalidad. Alfredo y el resto de sus compañeros lo saben por eso le propone llevarla en su silla de ruedas pero ella insiste en andar por su propio pie unos metros más. El inicio del camino arenoso e inclinado es la señal que les indica que su pase de entrada a las dunas no será nada sencillo. Yasmina acepta subir a la silla de ruedas de Alfredo y en compañía de Goyo, Willy y Hugo, recorren el primer tramo entre risas. Mientras ellos avanzan Lucero cumple el deseo de ayudar a empujar la silla de Saúl y se siente orgullosa de haber aportado su granito de arena.

La lluvia constante mezclada con el terreno arenoso convierte el trayecto en un reto más para los expedicionarios. Han recorrido cuatro kilómetros, Yasmina encuentra que avanzando al ras del piso, sentada con la ayuda de sus brazos aligera el trabajo de Alfredo y del resto de sus compañeros que enfrentan pendientes muy demandantes de su esfuerzo físico y mental. El Cazón les instala una cuerda que toman como apoyo para guiarse y jalar las sillas de ruedas hasta el punto más alto de la colina. Saúl decide bajare de su silla y con la colaboración de Hugo, Goyo y Willy, ayudar al resto de sus compañeros para superar ese tramo.

El esfuerzo fue válido para lograr que todos llegaran juntos al siguiente punto, pero la exigencia a la que Willy ha sometido a su cuerpo le ha cobrado factura a través de su prótesis que sufrió un desperfecto porque la arena entró, atascó algunas funciones y botó un perno imposible encontrar en medio de la selva. El escenario parece catastrófico y amenaza la llegada de Willy con el grupo al mar, pero un milagro llamado amigo lo rescató. Hugo ofrece la prótesis de su mano para desarmarla y encontrar un perno que pueda reparar la prótesis de Willy. Una vez más evita que uno de sus compañeros se quede varado en el camino y demuestra la grandeza de su espíritu en los momentos difíciles.

El terreno implacable y la lluvia insistente les dejan claro que su encuentro con el mar será ganado a pulso pues una pendiente resbalosa les demanda estrategia y fuerza física en equipo. Ernesto no puede esperar para ser parte del trabajo en grupo y jalar la silla de Alfredo junto con Goyo, Willy, Hugo y el Cazón. Después de un esfuerzo inmenso la recompensa es la cima del monte donde los once expedicionarios toman aire y con gran emoción aprecian que en el horizonte existe una promesa que huele a mar.

Después de cruzar la selva y la montaña ahora se enfrentarán a las dunas que los abrazará con su inmensidad. El paso por las dunas es la antesala del mar y con el último gran esfuerzo, todos se apresuran para hacerlo con ánimo y buen humor. Yasmina recorre algunos trayectos en la silla de Alfredo quien en una bajada se da cuenta que su silla de ruedas se ha quedado sin frenos. Como niños en un parque disfrutan del camino jugando y su emoción aumenta cuando la última duna les deja ver el paisaje azul llamado mar. Los once se detienen para apreciar la meta por la que tanto han pasado y deciden que Yasmina encabece sus pasos hacia el mar. Poco a poco la sensación de victoria los invade y sin pensarlo Saúl baja de su silla de ruedas para entregarse al mar. Bárbara no lo piensa dos veces y junto con Willy, Goyo y Hugo se lanzan al agua. Lucero no para de reír y a la par de su perra Eiva se integran al grupo con Antonio. A la distancia Yasmina y Alfredo los observan pero no por mucho tiempo porque Hugo la levanta en hombros para llevarla con todos los demás y Cazón despide la silla de Alfredo para sumergirlo en la felicidad que todos comparten.

La risa y el llanto se funden en una representación de plenitud, satisfacción y victoria que deja clara una sentencia: No hay nada imposible.

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